Fotografías:

  • Izquierda: Edelberto Proaño en 1975, en Radio Atahualpa, durante la conducción del programa “El Deporte a Domicilio”, junto a Edgar Álvarez Mejía. En los controles, Faustino Reascos (+).
  • Derecha superior: En la Asociación de Periodistas Deportivos de Pichincha (APDP) condecorando al célebre relator Alfonso Laso Bermeo, “Pancho Moreno”.
  • Derecha inferior: Jaime «Payaso» Vega, Edelberto Proaño y Fernando Guevara Silva.

Gabriel Edelberto Proaño y Proaño, conocido como «El Pucho”, en su actividad periodística, era un hombre de gran sentido del humor, solidario y de un carisma muy grande, lo que le permitió tener buenos amigos. Entre ellos se destacaron: Bruno Stornaiolo Miranda, Eduardo Jarrín Hidalgo, Rosendo Benalcázar Espinoza, Édgar Álvarez Mejía, Edgar Villarruel Caviedes, Oswaldo Núñez Moreno, Jorge Palacios, Fernando Guevara Silva, Gilberto Mantilla, Pepe Calero Viteri, Jaime “Payaso” Vega, entre otros.

Fue uno de los fundadores del Partido Socialista Ecuatoriano, junto con Manuel Agustín Aguirre. Escribió en el desaparecido diario «La Tierra», bajo el seudónimo de «Plutao». A finales de los 50 e inicios de los 60 del siglo XX fue redactor de la Revista Aucas, de propiedad de Juanito Reyes Daza. Era hincha de Liga Deportiva Universitaria, sufría en todo momento: cuando perdía, ganaba o empataba, pero eso no era obstáculo, para que en el micrófono su análisis sea objetivo. Paralelamente laboraba en los juzgados.

Fue comentarista deportivo del “Hombre que televisaba el fútbol”, el manabita Carlos Rodríguez Coll, en América “La Pasillera”, que estaba situada en el centro de Quito. Luego, en 1972, condujo con los hermanos Edgar y Marcelo Álvarez Mejía el programa “Deporte a Domicilio”, en los 1 490 y 4780 Kilociclos.  Ahí también estaba Pablo Montenegro y Miro, de la dinastía de los hermanos Vargas Acosta.

El periodista y comunicador Raúl Zambrano asegura que Edelberto Proaño, junto a Oswaldo Núñez Moreno, Patricio Romero Barberis y Edgar Álvarez Mejia, integrantes de la Cabalgata Deportiva de Radio Atahualpa, marcaron época en el periodismo deportivo del país. En esa radio también estaban Filemón Gracia Rodríguez y Eduardo Jarrín Hidalgo, bajo la dirección de Patricio Jarrín Hidalgo. El comentarista nunca perdió el contacto con sus amigos. Trabajó en la Secretaría Nacional de Información Pública (Sendip), donde fueron sus compañeros: Elsa María Castro, Rosario Utreras, Milton “Pajarito” Salvador, Eduardo Martillo, entre otros.

Nació en la hacienda de sus padres en el cantón Mejía, en la provincia de Pichincha. Su infancia transcurrió en ese lugar donde se dedicaban a la agricultura y la ganadería, cuenta su nieto, el también periodista, Mario Naranjo Proaño, quien destaca que su abuelo no se perdía los noticieros, los veía todos y leía los diarios que llegaban a su oficina en la Sendip. Le gustaba analizar las secciones: Política y Deportes, examinaba y subrayaba lo más importante. Los lunes después de los partidos escuchaba las radios, leía los periódicos, veía los goles en la Tv y salía a trabajar. Siempre tuvo la necesidad de estar informado, deseaba tener los argumentos necesarios antes de dar su comentario en la radio.

Edelberto vivía para el futbol. Le gustaba saber y analizar las jugadas, alineaciones y muchas veces hasta el lenguaje no verbal de los jugadores… Cuando se jubiló puso un alto en sus tareas, para aprovechar el tiempo junto a su familia. Era la época de las grandes series americanas. Le encantaba ver las películas de vaqueros: “La Ley y el Revolver”, “El Gran Chaparral” y “Bonanza”. Muchas veces le decía a su nieto Mario: cómo estás chico Maiquez…” Le gustaba salir personalmente a comprar los periódicos en las muchas esquinas que antes vendían los ejemplares. En la casa de los abuelos había un cuarto gigante lleno de revistas: Estadio, Selecciones, Vistazo, Aucas, La Bunga, El Duende… Así como los diarios: El Comercio, Ultimas Noticias, El Tiempo, El Universo y Expreso. En ese lugar Mario se hizo lector. Ahí fue adentrándose en este mundo lleno de historias.

Como mucha gente en el país, su familia migró y llegó a Quito, se instalaron el en tradicional barrio de San Marcos, en el centro de la capital. Luego de un tiempo fallecieron sus padres y la hacienda se convirtió en un lindo recuerdo. En la Carita de Dios comenzó su vida personal y laboral, tanto en el ámbito judicial, porque trabajó en los juzgados, pero también en el periodismo, primero en el político y luego en el deportivo.

Edelberto Proaño, pese a no haber nacido en Quito y ser chagra, de Machachi, tenía la sal quiteña, cualidad que heredó su hija, Inés Magdalena, ya fallecida, quien con una sonrisa siempre les contaba a sus hijos: Mario, Verónica y Gabriela, que cuando se iba de vacaciones a la finca. A modo de bromale metían a la vaca en el dormitorio, para que la leche esté caliente para el desayuno.

Al poco tiempo de jubilado falleció de un infarto en la Clínica Internacional a finales de la década de los 80… “El legado que me dejó mi abuelo es mi apego a la lectura, la historia y el periodismo”. Estar informado para él era importante. “De Edelberto Proaño llevo su sangre y legado. Mi abuelo fumaba bastante y siempre me decía esto no aprenderás, disculparás hijito, pero esto no aprenderás…”.

“El Pucho” y las transmisiones deportivas

Los orígenes del apodo se desconocen, pero tanto sus hijos, nietos y amigos lo conocían por ese apelativo. “Nosotros cuando éramos niños siempre decíamos: vamos a visitar al abuelo Pucho”, comenta Mario, quien es el primer nieto y su primo Enrique es el segundo y vive fuera del país.

Cuando Mario tenía 6 años, los viernes en la tarde era una ceremonia única cuando, sus padres, le dejaban en la casa de los abuelos. Los domingos lollevaba al estadio Olímpico Atahualpa. Caminaban desde el barrio América y Diego de Atienza, donde vivían hasta el Estadio Olímpico Atahualpa. Luego ya nació su otro nieto, Enrique, y a los dos niños los llevaba a las conocidas tripletas, que eran tres partidos de fútbol en una sola jornada.

“Cuando mi abuelo tenía que irse a la cabina a comentar, nos encargaba a sus amigos, muchos de ellos eran los relatores deportivos”. Era común que los niños observen los partidos en compañía de Rosendo Benalcázar Espinoza, Bruno Stornaiolo Miranda, Blasco Moscoso Cuesta… Ahí estaba también don Timoleón, quien cuidaba el palco de prensa. “Mi abuelo le daba unos cinco sucres para que nos cuide”. En eso veía que bajaban las figuras del relato como Alfonso Laso Bermeo, los hermanos Rodríguez Coll: Carlos, Alfredo y en otras ocasiones Oswaldo; Pepe Granizo Cisneros, Mauro Ferrín Vera, que era muy joven y se iniciaba en este mundo deportivo. Todo era una fantasía, porque eran personajes que se los veía o escuchaba, a través de la televisión y la radio y nosotros los teníamos tan cerca”.

En la casa de Mario Naranjo Proaño crecieron escuchando Radio Quito y verle en el estadio a Patricio Jarrín Hidalgo era un sueño. “En ese tiempo yo no tenía nombre, porque me llamaban el nieto del Pucho”, de vez en cuando le invitaban a un helado, de esos que se pegaban en la lengua, por el hielo seco. “Yo crecí en ese ambiente que me hizo conocer mi abuelo”

Diario La Tierra, Manuel Agustín Aguirre, el relato deportivo y los juzgados

En esos años, no había la carrera de periodismo, que surgió muchos años después, primero con la “escuelita del bosque” y luego con la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador. Transcurrieron los años y otras instituciones superiores también ofrecieron la carrera y se masificó el oficio. La actividad deportiva la pudo realizar, porque los partidos eran en la noche y los fines de semana, eso le permitía paralelamente hacer otras cosas. “Mi abuelo tampoco tuvo el título de abogado, pero trabajo como escribano, era secretario de los juzgados”.

Su primer amor con el periodismo no fue el deportivo, sino el político. Tenía una columna en el desaparecido diario La Tierra, del Partido Socialista Ecuatoriano (PSE), bajo el seudónimo de Plutao. Tuvo una gran amistad con Manuel Agustín Aguirre, quien fue muchas veces secretario general del PSE y rector de la Universidad Central del Ecuador. “Nos saltamos una generación y el nieto de Manuel Agustín Aguirre, Alejandro Aguirre Salas, comunicador e hijo de Ana María Salas, la creadora de Toqui y Max Aguirre es el mejor amigo del nieto de Edelberto que soy yo”, indica Mario con una sonrisa mezclada entre nostalgia y admiración.  

“Alejandro Aguirre conversaba sobre sus abuelos con mi abuela Inés, que en esa época ya era viuda. Yo escuchaba que decía: el Edelberto era comunista y después se hizo creyente”, porque mi abuelo alternaba el fútbol con la misa dominical”.

Nunca claudicó en su misión social, siempre les inculcó a sus hijos: Enrique e Inés Magdalena y sus nietos: Mario, Verónica y Gabriela Naranjo Proaño; así como a Catalina, Marcela, Isabel y Enrique Proaño Rivera, la solidaridad. Cuando iban al estadio les comentaba las historias que se vivían en el escenario deportivo, pero la que más recuerda es sobre el señor que vendía caramelos. “Con ese trabajo da de comer a sus hijos, tenemos que ayudarle, nos insistía. Mi abuelo no escatimaba en meter la mano en su bolsillo y decir apoyémosle a esta señora que le lucha todos los días. Compraba un sánduche, sin tener hambre, pero era para entregarlo a una persona que en ese momento necesitaba. Nos enseñaba con el ejemplo, haciendo esas pequeñas grandes cosas de la vida”.

El periodismo y los nietos

Mario indica que no cogió la carrera de auditor de su padre, Marío Naranjo, o Economía como su madre, Inés Magdalena, sino periodismo. Eso lo supo desde los seis años, cuando le acompañaba a su abuelo al “Coloso del Batán” y pudo conocer a las dinastías de periodistas deportivos: Rodríguez Coll, Jarrín Hidalgo, Machado, Granizo Cisneros… Con sus primos paternos jugaban a qué tenían un periódico y entrevistaban al Hombre Araña. “Eso marcó a fuego mi futuro. Tenía que seguir el camino de mi abuelo, porque eso está en mi ADN. Yo vi con un ojo el fútbol y con el otro y las dos orejas observé, escuché y aprendí de Bruno Stornaiolo, psicólogo, periodista y comentarista; los hermanos Jarrín Hidalgo o Rosendo Benalcázar, que tenía una camioneta y nos llevaba de regreso del fútbol. Escuchar las conversaciones, las bromas que se hacían y la camaradería que tenían era enseñanza viva”.

En esa época los relatores y comentaristas pudieron ser competidores de audiencias, pauta o para obtener anuncios comerciales, pero eso no era obstáculo, para que exista una amistad a toda prueba. “Nadie se viraba los ojos o realizaba algún desaire. Todos estaban ahí, para ayudarse. Si faltaba un cable, una pila, un micrófono o se dañaba una consola. Todos se auxiliaban para sacar adelante la transmisión, del medio que sea. Aprender eso de primera mano fue una dicha gloriosa que marcó mi destino como periodista”, reitera Mario.  “Yo de mi abuelo tengo hasta el empeine alto, por eso para mí es difícil conseguir zapatos”.

“Mi tío Enrique fue dos veces ministro de comunicación, lo que ahora es secretario nacional de Comunicación.  Primero fue en la época de la Guerra del Cenepa con Sixto Durán Ballén y la segunda ocasión en el período del médico guayaquileño, Alfredo Palacio González.

“Mi prima Isabel Proaño Rivera, hija de mi tío Enrique también es comunicadora, estudió en Chile. Mi abuelo nunca me dijo, ni nos dijo: háganse periodistas, nunca hablamos eso. Él siempre decía sean felices, solidarios y buena gente, traten de hacer las cosas bien. Alguna vez me sugirió que me haga abogado, porque ese fue su sueño frustrado. En la familia somos cuatro comunicadores que estamos ahí. Esa es la herencia que nos dejó Edelberto Proaño y Proaño. También el tratar de ser de sangre liviana, un poco amiguero, un poco dicharachero, uno creció con eso y con el amor a la Liga Deportiva Universitaria, de este equipo toda la familia es hincha”.

Edgar Álvarez Mejia y Radio Atahualpa

Por pedido de Mauricio Maldonado, hijo del dueño de Radio Atahualpa, se realizaban las transmisiones deportivas los fines de semana, con Eduardo Jarrín Hidalgo, los hermanos Vargas Acosta, “que eran jovencitos”.  Colaboraban: Patricio, Walwin, Miró, Marco, pero solo iban los fines de semana, porque estaban dedicados por completo a los estudios universitarios de Medicina y Leyes. En esta estación se iniciaron Marcelo Álvarez Mejía, quien es hermano de Edgar; Pablo Montenegro Zaldumbide, que conduce en la Radio Redonda “Amanecer deportivo”. En la locución comercial estaba el esmeraldeño Filemón Gracia Rodríguez, su padre era dueño de unas fincas vacacionales de la Provincia Verde; Eduardo Jarrín Hidalgo, Raúl Zambrano, Armando Rivas…

Edgar Álvarez Mejía por muchos años dirigió “Páginas del Deporte”, que se transmitía, de lunes a viernes, de 19:30 a 20:30, su dupla en el comentario era Gabriel Edelberto. Los fines de semana conducían el programa “El Deporte a Domicilio”. Este espacio le encantaba a la gente, porque llamaban por teléfono o les dejaban una nota en la cabina de locución: “Felicitaciones, linda la transmisión, saludos de tal parte… Esas frases eran el estímulo más grande”.

Cuando falleció Gonzalo Maldonado Quijano, en 1972, su esposa, Yolanda Castro, le encargó a Edgar Álvarez Mejía, la dirección de la emisora, hasta 1977, cuando la vendió. “Radio Atahualpa, para mí, fue uno de los nexos donde desarrollé ampliamente mi profesión y logré obtener buenos amigos como Edelberto Proaño”. El slogan de la estación era: “Escuchan Radio Atahualpa que informa primero e informa mejor. Radio Atahualpa en los 1490 kilociclos onda larga y 4780 kilociclos onda corta. Radio Atahualpa la primera del país”.

Sobre Mario Naranjo Proaño, nieto de Edelberto Proaño, quien nos ayudó para la elaboración de este artículo:

Se inició en diario El Comercio, luego pasó a El Universo, después se trasladó a la Agencia Reuter, donde permaneció cerca de 15 años. En este medio fue trasferido a Buenos Aires, además vivió 9 años en Chile, hasta que llegó a Venezuela, como jefe de corresponsales de Reuters. A los seis meses que estuvo en ese país, Hugo Chavez dijo que tenía cáncer y murió. Mario se quedó seis meses más cuando ya gobernaba Nicolás Maduro, pero regresó a Ecuador. Estuvo en Ecuavisa un tiempo.

Ahora trabaja en la Superintendencia de Competencia Económica. Se pasó al otro lado del mostrador. Ya no es el periodista que busca información, sino que da información y trata de difundir todo lo que hace la institución, indica.

Iliana Cervantes Lima

Voces de la Radio

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